El Gran Chaco Americano es un bosque seco, que también podría considerarse una sabana subtropical templada, situado en el corazón de Sudamérica. Limita al norte con un bosque de transición que contacta con la Amazonía, al oeste con el relieve montañoso andino y las sierras del centro argentino, y al este con el Planalto brasileño.

Con casi 1.300 Km. de longitud, de norte a sur, y un ancho máximo de 700 km., en total abarca cerca de 1.100.000 km2 de superficie, equivalente, aproximadamente, al 6% del espacio geográfico de América del Sur, de los cuales, aproximadamente el 58% se encuentran en Argentina, el 25% en Paraguay, el 14% en Bolivia y el 3% restante en Brasil.

Se extiende desde latitudes tropicales (18º S) hasta ambientes claramente subtropicales (31º S), entre los meridianos 57º a 66º oeste. Presenta marcados gradientes climáticos –temperaturas medias anuales entre 18 y 28º C, con máximas de 45 y mínimas de 0º C, pluviosidad que varía desde 1100 a 400 mm anuales-, además de un potencial hídrico heterogéneo. El Gran Chaco se estructura como un mosaico de ambientes distintos. Sobresale un neto predominio de extensas llanuras, pero la porción suroeste está ocupada por sierras, zona que se conoce como Chaco Serrano.

Los ríos son de caudal variable. El Parapeto, el Timane, el Bermejo y el Pilcomayo, frontera este último entre las repúblicas del Paraguay y Argentina, lo atraviesan en sentido noroeste- sureste, mientras que el río Paraguay, que corre de norte a sur, constituye su límite oriental. Lo mismo se puede decir del paisaje vegetal en cuanto a diversidad y disposición en mosaico, pues en el Chaco encontramos sabanas secas e inundables, esteros, bañados, salitrales y una gran extensión y diversidad de bosques.

Todo esto se traduce en una alta diversidad de especies animales y vegetales.

Hasta hace cerca de nueve millones de años, la planicie chaqueña formaba, junto con la llanura pampeana, el fondo de un mar poco profundo y cálido. Este mar desapareció al elevarse el continente. Al oeste por los plegamientos que originaron los Andes, al este por las estructuras antiguas de las tierras altas o mesetas del Planalto brasileño.

Así el espacio chaqueño situado entre ambas estructuras altas, se colmató por la aportación de sedimentos, arenas y otros materiales como guijarros, canto rodado y limo, producto del desgaste por la erosión de las áreas elevadas de los bordes, y aportados por ríos y vientos.

Fue en la era Cuaternaria, hace tres o cuatro millones de años, cuando se inició la etapa más decisiva de la historia del Chaco, pues las enormes variaciones climáticas de este periodo, la llegada de faunas de América del Norte, posible por la elevación sobre el nivel del mar del istmo de Panamá, que se mantenía sumergido desde millones de años atrás, las glaciaciones –periodos mundiales muy fríos y de enorme duración- y la culminación de la elevación de los Andes, crearon las condiciones actuales.

El Gran Chaco es el área boscosa más grande del continente después de la Amazonas. El paisaje chaqueño moderno comenzó a instalarse no hace más de 12.500 años, por ello puede ser considerado joven y frágil. El conjunto medioambiental del Gran Chaco (las condiciones climáticas tropicales y subtropicales, el contacto con las regiones biogeográficas del Cerrado y los Andes, las peculiaridades geomorfológicos) explica una notable riqueza de flora y fauna con importantes recursos genéticos, que hacen del Chaco un área internacionalmente clave en términos de conservación de la biodiversidad.

El extenso territorio del Gran Chaco Americano contiene zonas que se pueden diferenciar en relación a su ubicación geográfica, al clima, al relieve, u otros criterios. Así se suele hablar del Bajo Chaco, Chaco Seco, Chaco Húmedo, y de Transición. Pero, en todo caso, debe distinguirse un Chaco Austral (ubicado, según diferentes autores, al sur del río Bermejo, en Formosa, Argentina) y un Chaco Boreal, donde se encuentran las porciones chaqueñas paraguaya y boliviana.

El Chaco paraguayo, con una superficie aproximada de 245.000 Km2, que representa algo menos del 60% del territorio nacional, comprende la totalidad de la Región Occidental o Chaqueña del país, y ocupa los departamentos de Presidente Hayes, Boquerón y Alto Paraguay.

Al igual que el Gran Chaco en su conjunto, el Chaco Boreal paraguayo presenta marcados gradientes, es decir, variaciones espaciales de sus variables climáticas y estructurales. De este a oeste se incrementan la aridez, la amplitud térmica (diferencias entre la máxima y la mínima, diaria y en promedio), la continentalidad (los contrastes climáticos que aumentan con la lejanía de la costa marina o de los grandes ríos), la altitud, que va desde los 90 hasta cerca de 400 m sobre el nivel del mar. De sur a norte disminuye el promedio anual de los días de helada, y aumenta la temperatura media. En el extremo oeste se encuentra el llamado polo de calor de América del Sur, con temperaturas de hasta 45º, y un bolsón de máxima aridez, donde se ubica el Parque Nacional Médanos del Chaco.

Ecológicamente, como dijimos, el Chaco se puede definir como una sabana subtropical templada (o sea, una llanura con una estación seca y otra húmeda), con herbáceas, árboles y arbustos, dispuestos a veces en forma rala y abierta, otras formando un bosque alto y seco, o palmares inundables. También son de destacar pequeños sectores con suelo salino, y sobre todo, los bosques en galería acompañando riachos y arroyos (señalar que los cursos que lo cruzan y desaguan pertenecen a la Cuenca del Plata y van a desembocar al río Paraguay). Dispersos en el interior encontramos varios tipos de humedales.

Todo esto se da siguiendo a un modelo de mosaico característico, como se indicó, en el que las formaciones mencionadas se entremezclan en un complejo paisaje que se repite en todo el Chaco, con variantes según la aridez, la altitud, el número de días de helada anuales y el tipo de suelo.

La flora es el elemento que mejor permite captar la unidad del Gran Chaco como región. Su estructura, composición y la variación en las comunidades y asociaciones dependen del tipo de suelo, de la altitud, de las inundaciones y del clima de cada sector chaqueño.

El Gran Chaco cuenta con más de 4.000 especies de plantas: árboles, arbustos y pastos, que se combinan en un paisaje mixto. Los bosques cubren cerca de la mitad del Chaco, y son tanto más xerófitos, adaptados a la aridez, cuanto más escasa la cantidad anual de lluvia.

Entre las especies dominantes aparecen los quebrachos, urundey, lapachos, curupay, timbó, varias lauráceas, el guayacán, palo santo, coronillo, ybyra- pyta, samuhu, guayaibi, la palma caranday, acompañadas de muchas otras.

En el norte del Chaco Boreal paraguayo hay áreas con médanos y manchones de suelos salinos o halófilos, que como los bordes de los cursos de agua y lso humedales incluidos en el paisaje chaqueño, tienen una flora y una fisonomía propia.

También aparecen especies arbóreas o arbustivas invasoras, con gran resistencia ecológica, que colonizan rápidamente los sectores en los que se producen alteraciones de la vegetación.

La fauna chaqueña es diversa en cuanto a especies y abundante por el número de individuos. Son notables las adaptaciones a la sequedad, el predominio de la vida nocturna, la abundancia de los hábitos crípticos (vida oculta bajo troncos, cortezas, excrementos secos, piedras), la inactividad estacional, las especies cuyo desarrollo se acelera o se paraliza temporalmente, enterrándose o por letargo, los mecanismos fisiológicos especiales para el ahorro de agua y la tolerancia térmica al calor y el frío extremos.

Los invertebrados presentan la diversidad más alta y mayor abundancia de individuos. Destacan los artrópodos (en especial insectos, arácnidos y diplópodos o ambuá) y moluscos (caracoles). Aunque apenas existe información, es posible que el número de especies de artrópodos chaqueños supere las 100.000. Las abejas (meleras, tapesu`a y rubito), las hormigas (en especial las ysau, que hacen enormes cuevas en las que cultivan hongos), los termites (kupi`i), además de los coleópteros, son los más destacados por su abundancia o por el papel que juegan en los ecosistemas.

La fauna mejor conocida en el espacio chaqueño es la de vertebrados. Ecológicamente hay especies generalistas, con mucha tolerancia ecológica, y otras especializadas para los ambientes extremos. En los humedales dispersos del Chaco Paraguayo los peces son poco abundantes, al igual que ocurre en el Bajo Chaco, excepto en la cuenca de los ríos Pilcomayo y Paraguay. Respecto a los anfibios y reptiles (batracios, tortugas, yacarés, lagartos, serpientes) el Gran Chaco contaría con unas 271 especies, si contamos también las marginales; pero el número de las estrictamente chaqueñas se reduce a cerca de 130 especies. Los batracios ocupan el Chaco en forma discontinua, según la disponibilidad de agua, indispensable para su reproducción a lo largo del ciclo anual. Las especies características del Chaco presentan adaptaciones para soportar la aridez, como el letargo o las secreciones protectoras de la piel ante la desecación, o siguen mecanismos como hacer nidos de espuma, enterrarse temporalmente en la época seca, etc.

Viven en aguas permanentes o temporales, otros habitan humedales salinos o son terrestres y ocupan cuevas de vertebrados, algunos viven bajo cortezas o en troncos muertos. En el Chaco Boreal paraguayo se conocen 21 especies de saurios, incluyendo las anfisbenas o yvyja. De las 73 existentes en el Gran Chaco, algunas son estrictamente chaqueñas. En este caso se encuentra también cerca de la mitad de la fauna de serpientes del Gran Chaco (con casi 21 especies exclusivas). En cuanto a las tortugas, viven en la región tres especies terrestres y una acuática. Además hay dos especies de yacarés, uno de ellos, el jacare overo o de hocico corto, de menor talla, que es el más común, pues el otro, el negro, solo ocupa cuerpos de aguas marginales.

Se han citado numerosas especies de aves en el Chaco, de las cuales 536 fueron registradas en el Chaco Boreal Paraguayo. Aparte de las sedentarias, deben mencionarse las migrantes desde y hacia el área chaqueña, las que la visitan temporalmente, transeúntes, y de presencia ocasional, además de apariciones transgresivas (más allá de su área habitual), e incluso apariciones accidentales. Pero sólo un reducido número de ellas son típicamente chaqueñas, realmente propias del Chaco (los endemismos chaqueños no superan las 30 especies y subespecies). El interés de la avifauna chaqueña se debe no sólo a estas últimas (los endemismos), sino a las asociaciones de especies o de estas con formas particulares de paisaje.

En comparación con otras áreas templado – subtropicales de la extensión del Gran Chaco, su fauna de mamíferos es poco diversa. En total, se acerca a las 200 especies, 119 de ellas registradas en el Chaco Boreal Paraguayo. Debido principalmente al reciente origen del paisaje actual en el tiempo geológico (12.500 años), no existen muchas endémicas. Entre ellas revisten especial importancia el tagua, el pichi ciego, roedores como los angujá- tutú y otros, comprendiendo algunos marsupiales (de los géneros Monodelphis, Didelphys y Gracilinamus). Los micromamíferos (los que pesan menos de 50 gramos) son los que han requerido mayores ajustes adaptativos, al terminar la aridez glaciar, para ocupar el espacio chaqueño.

Posiblemente existen remanentes de pobladores antiguos, como el género Graomys y las especies subterráneas de Ctenomys (angujá- yvygui o angujá- tutú). A ellas se sumaron especies venidas de las sabanas norteñas, y otras amazónicas que se desplazaron a lo largo del valle del río Paraguay. Además hay especies del Cerrado que llegan al área de Chovoreca y al norte del Cerro León. Corresponde resaltar que los murciélagos constituyen un alto porcentaje de los mamíferos chaqueños. Están representados por una alta variedad de fitófagos, insectívoros y un hematófago, que se alimentan en diferentes sustratos: acuáticos, aéreos, arbóreos y terrestres.

El bolsón de aridez en los Médanos del Chaco y de la zona inmediata boliviana presenta una clara distinción en su fauna de mamíferos y comprende como elemento excepcional al guanaco.

Por sus características geográficas, el Chaco Paraguayo ha permanecido hasta algunas décadas atrás semi-aislado de la vida nacional, y aunque ocupa el 60% del territorio, aparece como un espacio de baja densidad poblacional ocupado por sólo el 2,5% de los habitantes del país. A lo largo de la historia ha sido considerado como “tierra indígena”, con una densa profusión de culturas y tradiciones; en nuestros días se considera que alberga hasta 13 etnias diferentes. Incluso en pleno año 2004, concretamente el día 3 de marzo, el impacto sobre el medio causado por el avance de la frontera agropecuaria hizo salir del monte a algunos de los últimos ayoreos silvícolas.

La población indígena representa la diversidad cultural básica de un país multiétnico como el Paraguay, desde un punto de vista cultural, lingüístico y de identidades. Sin embargo, este aspecto ha sido tradicionalmente poco considerado hasta mediados del siglo XX. La vasta parcelación y enajenación de la tierra iniciada a fines del siglo XIX y continuada en el XX, ignoró a la notable diversidad indígena chaqueña y contribuyó en buena medida a la grave situación en que se encuentran actualmente los pueblos.

La superficie de la Reserva de la Biosfera Chaco-Paraguay (Categoría MaB-Unesco, 2005) alberga los siguientes grupos indígenas: ayoreos (moros) en la mayor parte del territorio, incluyen una serie de grupos y tribus; los ishir o chamacocos en la zona oriental próximos a los ríos Paraguay y Negro; los Guaranís Ñandéva (tapiete) en el extremo occidental y los Guaraníes occidentales (guarayos o chiriguanos) en la zona suroccidental.

La mayor parte de los indígenas chaqueños están dispersos, alejados de sus tierras ancestrales y sin tierra propia donde puedan desarrollar sus actividades esenciales. Han sido obligados a cambiar su estilo de vida de cazadores- recolectores y a trabajar marginados en los establecimientos ganaderos o como mano de obra ocasional en los centros urbanos.

Aparte de la población indígena, es indispensable mencionar a la comunidad mennonita, que viven en el centro del Chaco agrupadas en tres núcleos: Filadelfia o Fernheim, Loma Plata o Mennon y Neuland. Instalados desde el segundo tercio del siglo XX, han transformado para explotación ganadera casi un millón de hectáreas. Sus actividades han tenido profundas repercusiones ambientales, antropológicas, sociales y económicas.

Mencionar también a los peones criollos y propietarios de estancias ganaderas paraguayos y extranjeros distribuidos por todo el territorio y a las Fuerzas Armadas y sus destacamentos, algunos de los cuales se encuentran en los lugares más remotos de la Reserva de la Biósfera Chaco - Paraguay.

Debido sin duda a la baja densidad de población humana, los hábitats chaqueños y la vegetación asociada sostienen una densidad de especies de fauna de importancia para el hombre como alimento, seriamente amenazada por la actual presencia humana.

En las dos últimas décadas, se han intensificado antiguos procesos que afectaban parcialmente al Chaco Boreal Paraguayo, y han aparecido nuevas y más activas amenazas que no solo se ciernen sobre su paisaje, su biodiversidad, y determinadas especies, sino que afectan al propio hombre. En ese sentido, pueden destacarse incendios, roturaciones, pesticidas, salinización de suelos, fragmentación del hábitat, sobrepastoreo, caza comercial y generalizado avance de la frontera agraria.

Todo ello unido a interferencias específicas ha causado también el ocaso, o la casi desaparición, de los indígenas silvícolas que han perdido sus tierras y han sido aculturados. Las referidas amenazas exponen los recursos naturales del conjunto del Chaco, su diversidad y su medio cultural, a un fuerte proceso de degradación, con serias implicaciones dada la alta fragilidad de sus ecosistemas y la irreversibilidad de algunos de los procesos. Se ha originado un creciente empobrecimiento de todo el sistema, con una significativa repercusión en el campo social y cultural, al afectar especialmente a los ya desestabilizados grupos y comunidades indígenas.

Fuente:
SEAM; MaB - Paraguay (2005). Documento Reserva de la Biosfera Chaco-Paraguay.